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Saúl: un modelo en decadencia

por emisario
sábado, 07 de noviembre del 2009 a las 15:41

 

“¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como que se obedezca la  Palabra de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios y el prestar atención que la grosura de los carneros”

1ero Samuel 15.22

 

 

Introducción:

E

l libro de Samuel, el último de los jueces que sirvieron al pueblo de Israel, presenta sendas biografías de personajes históricos reales, bien conocidos por el pueblo hebreo y el pueblo cristiano en general. En sus páginas inspiradas por Dios, se halla plasmado el pensamiento, voluntad y proceder de aquellos primeros monarca que rigieron el país de Dios. Monarcas que marcaron la pauta en su momento puntual para con Dios y aquel pueblo que Él sacara de la esclavitud de Egipto.

Desde el mismo Samuel, pasando por la vida de Saúl, de hasta el mismo reinado del rey David (aquel hombre conforme al corazón de Dios, el cantor de Israel), el autor se esmera en presentarnos unas biografías cargadas de realismo y de enseñanzas para éste tiempo moderno. Recordemos que, según Pablo toda la Escritura sirve para la instrucción del hombre de Dios, para que éste se mantenga firme a su fiel llamado, y para que jamás se sarga del camino trazado por Aquel Dios que está interesado en cada uno de nosotros.

El presente estudio, trata acerca de una de esa figura que resalta en el relato de Samuel. Esa figura, llamativa y enigmática, es la del primer rey de Israel: Saúl, el elegante y “penoso” (¿?) hijo de Cis, el benjamita.

 

Contexto histórico de su llamamiento (8. 1-22)

Saúl: Sus Inicios (1 Samuel 8-9)

S

aúl sale al contexto histórico bíblico debido a una exacerbada reacción del pueblo de Dios y su aquiescencia de parecerse a las demás naciones que habitaban a su alrededor, una vez éste fuera introducido a la tierra de Canaán, la tierra que fluye leche y miel. Según se relata en el pasaje, cuando Samuel ya había envejecido, puso por jueces sobre el pueblo a sus dos hijos, quienes se llamaban  Joel y Abias. Estos, sin embargo, “no anduvieron en los caminos de su padre, antes se volvieron tras la avaricia, dejándose sobornar y pervirtiendo el derecho” (v. 3), lo que provocó que los ancianos de Ramá denunciasen ante Samuel la actitud  pecaminosa de sus dos hijos. Estos, los ancianos de Ramá, exigieron al viejo juez de Israel que le colocase un rey a la usanza de las demás naciones de sus alrededores (ver v.v. 4, 6), cosa que no le gustó mucho al ministro de Dios (v. 5). Ante esta actitud desafiante y arrogante, el pasaje declara: “… no agrado a Samuel estas palabras que dijeron: Danos un rey que nos juzgue. Y Samuel oró a Jehová” (v. 6)

Observa  atentamente en este párrafo de la Biblia, y verás la actitud de los involucrados en el relato: (1) los hijos de Samuel; pervertidores del ministerio otorgado a ellos, haciendo lo que Dios no quería que ministro suyo hiciese: recibir sobornos y pervertir el derecho. Esta actitud es condenable en las páginas de la Biblia; (2) los ancianos de Ramá, siendo ellos los que velaban sobre los intereses del pueblo, se dejaron llevar no por la razón, sino por sus emociones (emociones encontradas) y, temporizando con sus vecinos paganos, se atreven a desafiar el gobierno de Dios sobre ellos, exigiéndoles a Samuel que ellos querían ser como las demás naciones. Querían que un rey les juzgara y no Dios; (3) Samuel, indignado, tanto por la actitud de sus hijos como la del pueblo,  buscó la solución más acertada para los momentos de crisis: oró a Dios, quien le daría palabras de verdadero peso y consuelo.

Según los textos que siguen a éste relato, en realidad los israelitas, con esa actitud de dependencia, no estaban rechazando la intermediación de Samuel, sino que estaban rechazando y desafiando abiertamente el Señorío de Jehová de los Ejércitos de sobre ellos. Que esto es cierto, se ve claramente en las palabras que el mismo Dios dice a Samuel: “Y dijo Jehová a Samuel: Oye la voz del pueblo  en todo lo que te digan; porque no te han desechado a ti, sino a Mi me han desechado, para que no reine sobre ellos” (8.7) Todos los versículos que siguen después, reseñan vívidamente el futuro de Israel y de los reyes de Israel. En realidad, reseñan el proceder y andar de aquellos que, con una actitud desafiante y arrogante, han desechado a Dios para seguir sus propios ideales y sus propios caminos de derramamiento de sangre. Cuando uno se atreve a rechazar a Dios y Sus Palabras, surge en la vida interior, y en la vida comunal el gobierno del pecado, de la anarquía, del desenfreno espiritual. Se derrota el señorío de Dios en la vida interior, para entronizar al reino del pecado, el cual subyace en el corazón  de cada un de nosotros. El mismo proseguir mostrado por el populacho de Israel, lo siguió más adelante Saúl, y luego una cadena incontable de personajes bíblicos. Hubo sus excepciones, es verdad; pero ello no encajaba en los planes divinos para con el linaje escogido.

Con lo que se ha dicho hasta aquí, he de declarar que los libros de Samuel, son la historia de dos hombres: Saúl y David. Estos, con sus hechos y procederes nos han de servir de ejemplo para  presentarnos dos modelos de conducción que debería seguir los jóvenes de la actual era. Estas dos maneras de conducirse son: (1) la manera de la carne, tipificado en Saúl y su obstinado proceder hasta la muerte; (2) el de la fe, tipificado por David y el mismo Samuel, hombres con debilidades y placeres como tú y yo; pero que mantuvieron una fe inquebrantable aún hasta en los momentos de crisis. El pueblo de Israel, lamentablemente, siguió el camino de la carne, el cual, horrorosamente, conduce a la muerte, tanto física como espiritual. Y tú, ¿cuál camino te decides a andar?

 

Saúl: Su llamado para Gobernar a la Grey de

Dios (1 Samuel 9)

L

a historia sagrada, señala que Saúl era de la tribu de Benjamín, una de las tribus más pequeñas de Israel. Benjamín en hebreo significa: “hijo de mi diestra” y esta tribu lleva el nombre del último de los hijos de Jacob con Raquel (Ver Génesis 35. 16-20) Era una tribu altamente guerrera, y, por poco fue destruida cuando protegía a los habitantes de Gabaa, quienes habían cometido un espantoso crimen (Ver Jueces 19-21).

Saúl era uno de los hijos de Cis, quien según el texto, era un “varón valeroso”, que es lo mismo decir que era valiente en extremo. Saúl era joven y hermoso, tanto que se dice de él que “…no había otro joven más hermoso que él” (1 Samuel 9. 2) El nombre Saúl significa en hebreo: pedido a Dios, lo que nos lleva a pensar (tal vez, a especular) que sus padres le habían instruido desde chico en las palabras de Dios a quien se lo habían pedido.

La valentía de Saúl se ve reflejada en el relato que nos deja su biógrafo Samuel.

Analiza conmigo, la personalidad de este joven que llegó a ser rey de Israel y siervo de Dios.

 

Era Obediente a sus padres:

Según  el relato que nos da Samuel, Saúl era un hijo excepcionalmente obediente a la voz de su padre Cis. Lo demostró cuando éste le pide que saliera por los valles y collados de la región en donde vivían a buscar las asnas que se le habían extraviado. Según 9:2 ss., no hubo lugar que Saúl no buscare con la finalidad de hallar las asnas de su padre. ¡Cuántos jóvenes no hay en el día de hoy que cuando sus padres les envían a realizar una labor no hacen nada! Esta actitud iniciar de Saúl es encomiable. Se puede decir que movió cielo y tierra para cumplir la tarea asignada por papá. 

Esta búsqueda le llevó a encontrase con alguien que le cambiaría su destino para toda la vida.

 

 

 

 

Estaba dispuesto a buscar la dirección de Dios:

En su la búsqueda de las asnas de su padre, se topa con Samuel, quien le declarará todo lo que él estaba buscando. Le dice lo que tenía que hacer y que confiadamente dejase de buscar lo que buscaba, ya que se habían encontrado las asnas de su padre (1 Samuel 9. 6-7)

En sus inicios, Saúl demostró que realmente quería buscar y andar en la dirección divina. No quería ser otro más del montón, sino marcar la diferencia. Cuando se le dijo que existía un vidente que le podía ayudar a encontrar las asnas de su padre, no vaciló en ir hacia donde estaba ese vidente. “Dijo entonces Saúl a su siervo: Dices bien; anda, vamos. Y fueron a la ciudad donde estaba el varón de Dios” (v. 10).

 

Era acepto y agradable a los ojos de Jehová:

E

n efecto, de Saúl Jehová había “revelado al oído de Samuel diciendo: Mañana a esta misma hora yo enviaré a ti un varón de la tierra de Benjamín, al cual ungirás por príncipe sobre mi pueblo Israel, y salvará a mi pueblo de mano de filisteos; porque yo he mirado a mi pueblo, por cuanto su clamor ha llegado hasta mi.   Y luego que Samuel vio a Saúl, Jehová le dijo he aquí éste es el varón del cual te hablé; éste gobernará a mi pueblo” (9:15b-17). Por éste pasaje podemos notar algunos aspectos importantes los cuales, a veces, pasan desapercibidas de nuestro crecimiento. Estas son:

(1)   Dios, a través de Samuel ungiría por príncipe sobre la casa de Israel a Saúl.

(2)   La misión de Saúl como príncipe de Israel era la de salvar a su pueblo de manos de los filisteos, ya que ellos habían venido sometiendo a Israel desde hace varios años.

(3)   Aunque Dios había declarado con anterioridad que Su Voluntad era el de gobernar él mismo a Israel, no obstante dado la terquedad de estos, Dios se ve en la necesidad de proseguir con las demandas de ese pueblo rebelde, aunque ello acarrearía serias consecuencias más adelante.

 

Era de corazón humilde (¿?)

L

a misma actitud de Saúl y su ulterior ungimiento como príncipe sobre Israel, se consuma al momento de ser lleno por el poder de Dios. Ya Samuel le había señalado que es lo que él iba a realizar de allí en adelante, hasta el punto de profetizar su llenura con el Espíritu de Dios. Samuel dijo a Saúl: “…y, cuando entres allá, en la ciudad encontrarás una compañía de profetas que descienden del lugar alto, y delante de ellos, salterio, pandero y flauta y arpa, y ellos profetizando. Entonces el Espíritu de Jehová vendrá sobre ti con poder, y profetizarás con ellos, y serás mudado en otro hombre. Y cuando te hayan sucedido estas señales, haz lo que te viniera a la mano, porque Dios está contigo” (10. 5-7) De estos versículos, podemos deducir aspectos importantes en la vida inicial de éste ungido de Jehová:

  1. Saúl fue investido con poder de lo alto (Ver Hechos 1.8), es decir; vino sobre él el Espíritu Santo de Dios. Dios selló su ungimiento con la unción de lo Alto.
  2. Formó parte con los profetas de Dios. De allí que se halla corrido un proverbio que decía: ¿Saúl entre los profetas? (v. 10) No se nos dice que fue lo que éste profetizó, lo cierto es que el Espíritu le hacía profetizar ante Dios y ante los hombres.
  3. Fue mudado en otro hombre, es decir: ya no era el mismo joven medroso y pusilánime –por lo menos hasta este momento-. Y, es que cuando uno es lleno de Dios, cambia todo, aun la manera de hablar, caminar y conducirse en la vida.
  4. Lo más importante,  se declara que “Dios estaba con él”, y para que esto aconteciera, Dios había tenido que ver en Saúl cierto grado de humildad, ya que él habita con los humildes de corazón. No importa que no tengamos señales y portentos o palabrerías, lo que realmente importa en los caminos de Dios es que Él esté con nosotros. Y, cuando alguien sabe que Dios está con él, hará lo que bien tenga a la mano.

Cuando observamos este panorama, no nos parece extraño el subsiguiente proceder de Saúl. Se narra en el capítulo 11 como hace frente al poderoso ejército de Vahas el aminita, y como le derrotó con la ayuda y respaldo de Dios. ¿Por qué? Porque Dios estaba con él. Saúl se apoyaba en Dios y éste le respondía claramente. De esta manera, Dios respaldaba todo aquello que había proclamado para Saúl a través del profeta y juez Samuel.

Dios empezó a respaldar a aquel tímido y humilde joven, aquel mismo que cuando iba a ser proclamado rey de Israel estaba escondido en el bagaje del alimento de los animales. En cada empresa que Saúl emprendiera, de seguro Dios le respaldaría y confirmaría el reino. No obstante, pronto el panorama para éste joven lleno de humildad se cambiaría. Por  su arrogancia y altivez el  reinado de oro de aquel que había sido pedido a Dios, llegaría a declinar para siempre.

 

Saúl: su caída.

P

or lo hasta aquí dicho,  el hombre Saúl, siendo aun muy joven, quiso andar en los caminos de Dios. No obstante, aquel tímido hombre de Dios, sincero en sus comienzos y en su llamado divino, empezó rápidamente a declinar en su postura ante Aquel que le había llamado. En efecto, empezó a declinar moral y espiritualmente. Al cabo de dos años en su reinado, pronto se olvidó de los portentos que Dios había efectuado en su propia vida cuando le llamó para ser príncipe de su pueblo.

Leemos en 13. 1-4 que debido al desánimo que se apoderó del ejército israelita cuando éste hizo guerra a la guarnición de los filisteos (v. 6-7), Saúl no acata la orden que le había dado con anterioridad a éste, sino que desesperado y, para no quedar mal ante sus hombres de guerra, hace lo que no le estaba permitido realizar. Hizo un sacrificio a Dios (v. 8-10). Una vez Dios le hace saber esto a Samuel, éste le dice a Saúl lo siguiente: “Locamente has hecho, no guardaste el mandamiento de Jehová tu Dios que él te había ordenado; pues ahora Jehová hubiera confirmado tu reino sobre Israel para siempre. Más tu reino no será duradero. Jehová se ha buscado un varón conforme a su corazón, al cual Jehová a designado para que sea príncipe sobre su pueblo, por cuanto tú no has guardado lo que Jehová te mandó” (1 Samuel 13. 13-14)

Observa detenidamente las palabras fuertes que Samuel le dirige a Saúl: (a) locamente; (b) no guardaste; (c) tu reino no será duradero; (d) Dios se buscó un varón conforme a su corazón. ¡Joven! ¡No permitas que Dios te desplace por otro. Mantente firme y recto para con él!

Tú preguntarás, ¿cuáles son las palabras que Dios le había dicho a Saúl para que las guardara? Pues bien, esas palabras son estas: “Si temiereis a Jehová y le sirvieres, y oyereis su voz, y no fueres rebeldes a la Palabra de Jehová y si tanto vosotros como el rey que reina sobre vosotros servís a Jehová, vuestro Dios, haréis bien. Más si no oyereis la voz de Jehová vuestro Dios, y si fuereis rebeldes a las palabras de Jehová, la mano de Jehová estará contra vosotros como estuvo con vuestros padres” (1 Samuel 12. 14-15) ¡Qué bien pronto Saúl se alejó de esas palabras cargadas de vida y de realismo! ¡Sendas advertencias echadas por la borda por tan sólo andar en la terquedad propia de la juventud! Eso, empero, le costaría bien caro a ese rebelde Saúl.

Nota claramente como la palabra rebeldía sobresale en el texto que acabamos de citar. Analiza conmigo, brevemente el significado de esta palabra.

 

Análisis de la palabra rebeldía: característica en

la vida de Saúl:

E

l vocablo hebreo para éste verbo es marah (hb. Hrm) palabra que en una de sus acepciones significa contender, rebelarse. Éste vocablo aparece en el Antiguo Testamento unas cincuenta veces. Marah tiene que ver con el conflicto que provoca arrogancia (Deuteronomio 21.18; Isaías 3.8), denotando casi siempre, una rebeldía abierta contra Jehová Dios. Sin embargo, la acepción principal de éste verbo es el de desobedecer. Un claro ejemplo de ello se tiene en 1 Reyes 13.21, donde se lee: “Porque has sido desobediente al dicho de Jehová y no guardaste el mandamiento que Jehová tu Dios te había mandado”. En este sentido, se atestigua en todo el Antiguo Testamento que marah es una rebelión contra Jehová o bien contra Su Palabra (Ver Salmos 105.28; 107.11), en el sentido de oposición a la orden o mandato de Dios (Números 20.24; Deuteronomio 1.26,4; 9. 23; 1 Samuel 12.14-15) (Tomado de Vine: Diccionario Expositivo de las Palabras del Antiguo y Nuevo Testamento Exhaustivo. Editorial Caribe, 1999)

Así que, una de las características sobresalientes de este rey Saúl era su constante rebeldía y rebelión abierta para con Dios y Su Palabra. Habiendo pasado el incidente en cuanto al sacrificio ofrecido por Saúl, pero no autorizado por Dios, el proceder de éste no cambió en nada. Efectivamente, leemos en 1 Samuel 15.1-35 cómo Dios le volvió a  comisionar para una tarea bien específica. La tarea era la de acabar con todos los amalecitas. Dios le dice a Saúl lo siguiente: “Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Yo castigaré lo que hizo Amalec a Israel al oponérsele en el camino cuando subía de Egipto. Ve, pues, y hiere a Amalec, y destruye todo lo que tiene, y no te apiades de él; mata a hombres, mujeres, niños, y aun los de pecho, vacas, ovejas, camellos y asnos”.

Aunque nos parezca cruel esta orden dada, era el justo pago que Jehová Dios daba a aquella tribu que tanto mal le había hecho a su pueblo cuando había salido de la cautividad en Egipto. Sin embargo, lo más tremendo no es que esa orden nos parezca cruel y violenta de parte de Dios que es Santo y Amoroso; sino que tenemos que ver la tremenda rebeldía de Saúl, quien ante esta oportunidad de oro, nuevamente la menospreció e hizo lo que a él le daba la gana. ¿No te parece que esta actitud de hacer lo que le da la gana a alguien es típica en muchos jóvenes como tú en la actualidad? Es que la rebeldía y la desobediencia no es nada nuevo como nos los quieren hacer ver los neoortodoxos y los psicólogos.

En 1 Samuel 15. 8-9 se relata en que se basó la desobediencia de Saúl. Allí leemos: (1) Tomó por prisionero a Agag, rey amalecita; (2) tomó lo mejor del ganado que había en los campos amalecitas; (3) tomó de las posesiones de aquellos hombres, es decir, tomó para sí y para el pueblo del botín (el cual era anatema a la vista de Dios). Saúl se olvidó prontamente que la orden dada por Dios era el de aniquilar todo aquello que tuviere el nombre de Amalec. A tal efecto de la desobediencia abierta de Saúl, pues el texto declara que: “Y vino palabra de Dios a Samuel, diciendo: Me pesa haber puesto por rey a Saúl, porque se ha vuelto en pos de mi, y no ha cumplido mis palabras” (v. 11)

Nótese los puntos fuertes expresados aquí: (1) Dios le declara a Samuel que le pesaba haber colocado por rey a Saúl; (2) éste, Saúl, se había vuelto en pos de Jehová; (3) Saúl no había cumplido a cabalidad las palabras dadas por Dios. A todo éste proceder, se le llama rebelión y desobediencia. Dios exige y demanda una obediencia total de parte nuestra. Él jamás se place cuando le cumplimos parcialmente. No obstante, eso es lo que se ve en Saúl y en muchos muchachos en la actualidad: cumplidores de tareas a media, esto es: mediocridad.

Dios siempre insiste en recordarnos que él es Señor y Amo de nuestras vidas. A Saúl, como a muchos de nosotros, se le olvidó esto e hizo lo que al él le parecía que era bueno. La batalla que Dios había puesto en esta oportunidad para Saúl era para su propia reivindicación, sin embargo, no entendió el propósito divino, y, lamentablemente, fracasó. Tal vez Saúl pensaba que estar bajo la autoridad de Dios era algo opcional o cuestión de debate. No se percató de que era una actitud y un acto de  obediencia incondicional hacia Dios. Es que: Dios no da concesión alguna ni al pecado ni al pecador. O le obedecemos o no le obedecemos. ¡He allí la cuestión!

La actitud de rebeldía y desobediencia vistas en Saúl, refleja lo que había en el corazón de éste rey. Pese a saber que no había cumplido con lo que Dios le había señalado de antemano, no sólo se atreve osada mente a decir que lo hizo, sino que incurrió en la mentira: “…Yo he cumplido la palabra de Jehová” declaró a Samuel /1 Samuel 15. 13b) ¡Que tonto era Saúl! Ya él sabía acerca de su deslealtad para con Dios Su palabra y hasta el mismo.  ¿No sabía Samuel, el siervo del Dios viviente que Saúl había fracasado en la misión que se le hubo confiado en reivindicación de su ulterior fracaso? Obviamente que si, pero la actitud tomada por Saúl es típica cuando hemos desobedecido la voz del Señor. Una vez más, a pesar de que Samuel le llamaba la atención, la terquedad y obstinación de éste depuesto rey de Israel le llevó a declarar: “…Antes bien, he obedecido la voz de Jehová, y fui a la misión que Jehová me envió, y he traído a Agag rey de Amalec, y he destruido a los amalecitas” (1 Samuel 15. 20) Ante esta estúpida excusa,  el profeta Samuel le declara: “…¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente obedecer es mejor que los sacrificios y el prestar atención que la grosura de los carneros. Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación…” (1 Samuel 15. 22-23a)

Samuel puso claro ante Saúl su pecado expreso: rebeldía y obstinación. (¡Cuántos no son los jóvenes de hoy que ante sus padres y ante Dios son lo bastante rebeldes y obstinados! ¿Eres uno de ellos?) Pero, ¿qué es la rebeldía y la obstinación? Como he señalado arriba, rebelión o rebelión, según el Diccionario Ilustrado El Pequeño Larousse, esta es: “negarse a obedecer la autoridad legítima. Oponerse, resistirse a algo o a alguien. Alguien difícil de dominar”  y, obstinación, lo define el mismo diccionario así: “mantenimiento tenaz de una resolución, propósito, empeño, etc.” Y, todo ello se hallaba plasmado en el carácter de Saúl.

Saúl quiso estar en los caminos del Señor, pero sin “tomar su cruz, negarse así mismo y seguir” adelante. Recuerda estimado joven que Dios nos invita a realizar cambios radicales para poder seguirle, y uno de esos cambios tiene que ver con nuestras actitudes y aptitudes. Es por ello que leemos en el Evangelio de Mateo 16.24 que Cristo dijo: “…Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame” Pero, ¡cuán difícil es tomar la cruz de Cristo para seguirle!

Por las citas que se hallan en el capítulo 15 de Samuel, y por lo hasta aquí dicho, podemos observar que Saúl era:

(1)     una persona desafiante (15.9-11), es decir; desafió –sin motivo alguno- la misma Palabra de Dios. Esta actitud es el reflejo de lo que somos muchos de nosotros en éste tiempo. Esa actitud da Saúl era como si dijera: -Bueno, nadie va a decirme lo que debo hacer. ¿No son estas palabras conocidas y oídas en muchos jóvenes en la actualidad? Lo que realmente Saúl decía en lo más interno de su corazón era algo así: ¡Yo conozco lo que es mejor para mí! ¡Sé lo que es mejor para mi nación! Tal vez pensó éste hombre. Sin embargo, en su desafío se labró su posterior caída de delante de Dios.

(2)     Una paresota Racionalista” (15. 12-21), es decir, empezó a argumentar con el varón de Dios acerca de su comportamiento. En éste racionalismo, Saúl levantó un monumento así mismo (15.12), con ello quería manifestar que, ante su propia vista, había hecho un buen trabajo. Sin embargo, se engañó así mismo, se cegó espiritualmente y mintió contra sí.

(3)     Era falso (15.13-15) al decirle a Samuel una verdad a medias. Así procede Satán, diciendo verdades a medias o medias verdades. En este momento, intentó –vanamente- evadir su responsabilidad echándole la culpa al pueblo que le seguía (15. 15)

(4)     Era una persona resistible a la Voz de Dios (15.020-24), en su obstinación, Saúl trató de hacerle ver a Samuel que él si había obedecido a la voz de Dios, y que el botín de animales tomados era para ofrecerlo en sacrificio al Dios del Cielo. Sin embargo, debió haber sabido que lo que era considerado anatema por Dios no se podía ofrecer en sacrificio ante él, y que esa no era la orden inicial (Ver Levítico 27. 29; Deuteronomio 13. 16)

 

 

D

etengámonos un momento, y demos una aplicación actual al proceder de Saúl. Apliquemos cada etapa de la vida de éste rey en cada joven de la actual época en la que nos encontramos en el día de hoy.

Primeramente, permítaseme acuñar el concepto de carácter ahora mismo. Según el Diccionario Pequeño Larousse, carácter es: (1) del latín: characterem) conjunto de cualidades psíquicas y afectivas que condicionan la conducta de cada individuo humano, distinguiéndolo de los demás; (2) individualidad moral, especialmente definida por la energía de voluntad; (3) condición, índole, naturaleza. Todo esto, amigos jóvenes, conforma lo que hemos llamado carácter de una persona. Y, depende de cada uno de los creyentes el que su carácter este supeditado por la voluntad soberana de Dios y a la del Espíritu santo, con la firme finalidad de poder salir airosos ante los diversos avatares que se presentan en la vida.

Tal vez se diga en el argot juvenil que esto es bastante difícil –el hecho de someter la vida a la voluntad de Dios-, sin embargo, la Palabra de Dios dice: “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros. Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros”. (Santiago 4. 7-8) Bien claro se destaca cual ha de ser la actitud ante cada situación de riesgo espiritual que podamos enfrentar: (a) sometimiento a la voluntad de Dios, es decir; someternos sin concesiones de algún tipo a  Dios. (Si Dios dice que aquello “es negro”, hay que aceptarlo, ya que el que lo dice es el Creador. ¡No busques las cinco “patas” al gato!, que no la hallarás); (b) resistir al diablo, ya que es él quien muchas veces –para no decir todas, puesto que la misma Biblia dice que somos tentados por nuestras propias concupiscencias- pone pensamientos negativos en nuestras mentes, mayormente en las mentes de los jóvenes quienes quieren experimentar con toda clase de “vivencias”, aunque ello le pese más adelante; (c) acercamiento a Dios: la única manare de ganar la batalla espiritual es un acercamiento genuino a Dios. Sin él, recuerda, no somos nada. El carácter del creyente ha de ser un carácter marcado por la obediencia, la lealtad a Dios, la valentía, la sobriedad, la paz, la sencillez, etc.

Lamentablemente, muchos jóvenes proceden día a día tal como lo hizo Saúl. 

Su vida, tanto material como la moral y espiritual, van decayendo hasta las profundidades del infierno, y esto; de manera paulatina. El por qué sucede esto, queda reflejado en estas cuatro fases registradas en la personalidad de Saúl.

 

 

 

Faceta Nº 1: Una Vida Desafiante: El Síndrome

saulita.

¿

 

¿Cuántos jóvenes y adolescentes; niños y viejos; no se encuentran desafiando al igual que Saúl al Dios bendito? La respuesta, obviamente, tú la tienes a la mano, pues sabes que son muchos los jóvenes de nuestras iglesias que desafían a Dios abiertamente en cada decisión que toman a diario. Es muy hermoso cuando Dios nos dice sí acerca de algo, pero: ¿Cuándo nos dice ¡no? ¿Qué actitud y aptitud tomas tú y yo?

La mayoría de los jóvenes de hoy se han vueltos escépticos, adoptando la forma del mundo a su manera de ser y a sus estilos, los cuales, según ellos, es un estilo propio e individual. En su epístola a los Romanos, el apóstol Pablo declara cual debe ser la posición del creyente en medio de la actual indiferencia y apostasía personal que azota al mundo: “No os conforméis a este siglo; sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento…” Romanos 12. 2) No obstante, de manera desafiante y arrogante, se encaran a Dios y ponen este mandato exhortativo a un lado. Cuando Dios declara que no se debe uno a “amoldar”  o a “conformar” con este siglo, se está refiriendo a que no debemos dejar por ningún motivo o circunstancia amoldarnos, conformarnos, acostumbrarnos, contemporalizar con éste sistema presente. Es decir: no adoptemos la forma de vida de las personas que no conocen al Señor Jesús. Hoy día es necesario seguir esta advertencia, puesto que en el mundo juvenil –y, en todas las esteras de la vida moderna- los valores se han perdido para siempre. Ya no hay valores de castidad, de santidad, de integridad. No. ¡Eso quedó en el pasado remoto!

Uno de los actos juveniles con los cuales se está desafiando a Dios en la actualidad, es lo referente a la sexualidad. En efecto, aun en las iglesias este fenómeno se ha colado casi imperceptiblemente. La liberalidad sexual y el amor libre dominan a esta presente generación, generación que ha sido catalogada como la más promiscua de todos los tiempos. Y, como se declaró ya, los jóvenes de las iglesias no están exentos de caer en sus funestas garras.

Desafiamos abiertamente a Dios, cuando dejamos de hacer aquello que sabemos que está mal y que a Dios le desagrada. Cuando obramos obstinadamente como Saúl, desafiamos a Dios. Bien podríamos llamar a esta faceta  síndrome saulita. Saúl creyó poder andar en su religión a su manera. Una religión desafiante. ¡Claro está! Él quería una religión sin un Dios de normas. Coqueteó por bastante tiempo con la obstinación hasta que obtuvo, finalmente, lo suyo propio.

Esta etapa de la iglesia que te ha tocado vivir, está cargada de una atmósfera, en un sentido figurativo, mala. Es por ello que el apóstol Pablo diga que estamos viviendo tiempos malos. Entonces, al ser este tiempo malo, no es de extrañar que las personas desafiantes de Dios  se hayan multiplicado hasta lo sumo.

Existen algunos personajes bíblicos, muy aparte de Saúl, quienes desafiaron a Dios. Ellos con su arrogancia, aplomo, inclinación hacia lo malo, perversidad y sadismo, desafiaron a Dios. Estos son: (1) Caín, quien fuera el primer de los homicidas que la historia conoce (Ver Génesis 4.08-15); (2) Los “hijos de Dios”, hombre perversos quienes “tomaron” a las hijas de los hombres en opuesta voluntad a lo que Dios había establecido, (Génesis 6. 1-2); (3) los constructores de la Torre de Babel, (Génesis 11.01-9); (4) Faraón, quien esclavizó al pueblo de Dios en ese país, y; pese a las tremendas plagas que Dios le enviaba persistía en mantener preso al pueblo escogido (Éxodo 5-14); (5) los israelitas en el desierto, quienes una vez liberados de la servidumbre egipcia, se rebelaron contra Moisés y contra Dios en el desierto, (Éxodo 32); (6) Nadad y Abiú, los dos hijos de Aarón, quienes obstinadamente ofrecieron incienso y fuego extraño ante el altar de Dios, (Éxodo 30), entre otros hombres y mujeres. Lo interesante y lamentable de todo esto, es que cada uno de esos que se atrevieron a desafiar a Dios, quedaron muy mal parados.

El pecado de desafiar a Dios se paga caro. Uno, tal vez, puede desafiarle en el aspecto moral, ético, espiritual, y, sin embargo, jamás saldremos airosos de delante de él. Él es Soberano, y tú y yo somos meros “barros” en sus manos.

 

Faceta Nº 2: Una Vida Racionalista

E

n algunos casos –excepcionales si se quiere-, la razón es dable emplearla. En efecto, Pablo declara en Romanos 12: 1 que nuestro culto a Dios, debe ser un culto racional, o mejor dicho: un culto racional. Saber a quién estamos adorando en todo tiempo. La razón se define así: (1) del latín: rathionen. Facultad de pensar; (2) Palabras o freses con que se presenta el discurso; (3) argumento que tiende a justificar o aprobar alguna cosa; (4) causa o motivo; (5) aquello que es conforme al derecho; (6) Facultad por la que la persona conoce, ordena sus experiencia, tendencias y conducta en su relación con la totalidad de lo real. El razonamiento es: (1’) pensar ordenando ideas en la mente, para llegar a deducir una consecuencia o conclusión; (2’) dar razones o motivos de algo. (3’) serie de argumentos encaminados a demostrar algo.

Como podrás fijarte, el razonamiento es un acto volitivo propio d los seres humano (dudamos que los animales lo realicen). Al igual que Saúl, muchas veces como jóvenes, estos empiezan a buscar un motivo, razón o por qué de lo que Dios dice en Su Palabra. Y, en vez de seguir la voz de Dios, siguen la voz de sus razonamientos (o lógicas), o a sus mismos impulsos. Será por ello, que tanto Pedro como Judas  se atrevan a decir que se pervierten como animales irracionales (2 Pedro 2.12; Judas 10). Como quiera que sea, los jóvenes siguen sus propios razonamientos y la voz de su corazón.

Muchas veces, los jóvenes, y por qué no, los adultos también, juegan “juegos mentales” con Dios y con aquellos que se atreven a confrontarlos mediante la Palabra de Dios tal y como hizo Saúl con Samuel. Caen en el juego de  razonar la Palabra de Dios, la cual nunca está a nuestra altura. Que esto es así, lo podemos cotejar leyendo Isaías 55. 8-9, que dice: “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos,  ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos de la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos” Con esto Dios quiere demostrarte que tú lógica, mi lógica; tus razonamientos y mis razonamientos, son ante Él nada. Efectivamente, en tu arrogancia, cada persona como tú (sean niños, adolescentes, jóvenes, adultos o viejos) estableces una serie de argumentos que buscan encuadrar cuando no obras bien sino el mal. Es decir, tratas de autojustificar tus hechos ante Dios.

Saúl trató, con su discurso o juego mental, justificar su mal proceder, hasta el punto mismo de culpar al pueblo por su fracaso. Al tú racionar tal como lo hizo éste hombre, lamentablemente iras de mal en peor. Dios nos invita a confesar sin reparos alguno, sin acomodo de ninguna índole, sin argumentos que vallan –supuestamente- a ayudar nuestros pecados. En el libro de los Salmos, en el capítulo 32. 5 se dice que David, el gran rey de Israel, confesó sus pecados ante Dios sin ocultar nada. David oró así: “Mi pecado te declare, y no encubrí mi iniquidad. Dije: confesaré mis transgresiones a Jehová, y tú perdonaste la maldad de mi pecado” Más adelante el mismo David se ve constreñido a declarar: “Por esto orará a ti todo santo en el tiempo en que puedas ser hallado; ciertamente en la inundación de muchas aguas no llegarán estas hasta él” (Salmos 35.6)

En el Nuevo Testamento el apóstol Pablo nos hace saber que todo razonamiento y argumentos y altiveces han de ser llevadas cautivas a los pies de Cristo. Es por eso que leemos en 2 Corintios 10. 3-5 que estos argumentos, pensamientos y demás cosas que llegan a nuestra mente son armas de la carne y, como tal, se oponen diametralmente a los designios de nuestro Dios. Pablo nos recuerda que: “… aunque andamos en la carne, ni militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo,…”  Nota el hincapié que se hace en lo referente a: (1) argumentos; (2) altivez; (3) pensamientos. La conclusión es grande: cuando esgrimimos argumentos que vallan a apoyar nuestro proceder, nuestro pecar; hacen que surja cierta altivez en nuestra vida y que los pensamientos se valla arraigando cada vez más en el corazón.  Cuando tú cautivas un pensamiento para ti como si fuese tuyo, este pensamiento engendra una idea, y, esa idea atraerá infinidades de argumentos para ser llevadas a cabo. A la larga, estás envuelto en un juego mental con tu carne y con el Espíritu, y te verás enredado en la batalla contra tu carne misma.

La inferencia dada por el apóstol es bastante clara: existe una cruenta batalla entre la carne y el espíritu. Batalla esta que debiera ser ganada por el Espíritu. Sin embargo, esa batalla fue perdida por Saúl, y está siendo pérdida por muchos jóvenes que tiene el síndrome saulita en sus vidas.  El parecer aparentemente piadoso de la gente, se cae cuando caen los argumentos y la altivez del corazón. Allí se descubre quienes somos en realidad. La falsedad de la gente, aflora cuando la verdad la alcanza. Un proverbio chino dice: La mentira correrá por mil años; la verdad la alcanzará en un día. Saúl dejó que la mentira, la falsedad, la arrogancia, la altivez; y cuando quiso evadirse  de ellos, fue demasiado tarde. Ya el Espíritu de Dios había sido quitado de su vida. Ahora sí que vivía a su manera. ¡Joven, no dejes que Dios quite Su Espíritu de tu vida!

 Faceta Nº 3: Una Vida Falsa:

 Nada hay más malo que la falsedad de una vida. Es      como si tuviéramos una máscara que nos cubre nuestra propia realidad. Lamentablemente, muchos son los que viven en una realidad virtual, es decir: una realidad que no está allí: una fantasía en tres dimensiones.

La vida de Saúl, su biografía, es algo similar a lo que te acabo de decir. Es, no hay que negarlo, una interesante biografía de uno que llegó a ser rey de Israel. Pero, sin embargo, deja mucho que pedir como ejemplo a seguir.

En 1 Samuel 10.22, leemos que cuando el viejo Samuel iba a presentar ante la nación al futuro rey de Israel, éste estaba escondido entre el bagaje.  Muchos ven en esta escena  un cuadro de humildad y sencillez. Pero, ¿será cierto esto? ¿Qué si lo que Dios nos deje entrever es algo muy distinto a lo que se nos ha venido enseñando desde toda la vida? La pregunta obvia es: ¿por qué se había ocultado justamente cuando ya él sabía lo que iban a hacer con él? Tal vez te veas inclinado a responder de la siguiente manera: “Era debido a que era algo tímido y no quería que nadie organizara algún festejo para celebrar su posterior ascenso al trono de Israel. En pocas palabras: ¡Él era tímido, apocado, humilde, medroso!”  Sin embargo, según el relato de su vida, la respuesta que se puede extraer de allí es lo suficiente contradictoria a la que acabas de proporcionar. En efecto, Saúl se había escondido no porque le apenaba ser agasajado por el populacho, el cual, de paso, había rechazado a Dios. ¡No! Se escondió porque comprendía,  en lo más íntimo de su corazón, que el hecho de ser rey de ese pueblo atraería sobre él la responsabilidad de hacer todo lo que Dios quería que hiciera y así estar bajo la autoridad de Él. Al comprender esta realidad, trató de ocultar su poca capacidad de lealtad hacia Aquel que le llamaba a ser rey de Israel. Saúl comprendía que aceptar ese reto, era aceptar someterse a la soberanía del Señor, y él no quería eso. Él quería vivir su vida a su manera. Así como siglos después cantaría Elvis Presley: A Mi manera.

Al intentar Saúl vivir a su manera se estaba alejando, voluntariamente de la voluntad de Dios para seguir sus deseos más íntimos. De tal manera proceden muchos jóvenes en el día de hoy. Te pregunto: ¿A cuantos chicos y chicas no conoces, que quieren aparentar una cosa y son otra persona cuando nadie les ve? Este proceder es el proceder de aquellos que tiene el síndrome saulítico.

Saúl era un falso, un mentiroso, un inconstante en su caminar con Dios. Hoy hay muchos jóvenes que son falsos, inconstantes y mentirosos. Se esconden debajo del bagaje de su humildad e hipocresía. En los hogares son una cosa; en la calle otra y en la iglesia otras personas. Pero, lo más trágico es que en la iglesia se esconden detrás de los cánticos, de los dramas, del oficio de diácono, de la coral, de las alabanzas, etc., etc.

La careta de humildad, servicialidad, amabilidad, espiritualidad es puesta en muchas ocasiones. Sin embargo, llega el día en que ella se cae. En efecto, Dios  es especialista en sacar a la luz lo más escondido del ser humano. Aunado a esto, Dios no se place en nuestras apariencias. Él ve el corazón y sus intenciones.

En 1 Samuel 15 se narra el cómo la careta de falsedad de Saúl se cae estrepitosamente. Su falsedad quedó irremediablemente descubierta.

Según el Diccionario que se ha venido empleando en este estudio, falsedad es: (1) no verdadero, no auténtico, o no correspondiente con la verdad; (2) que no es real, aparente; (3) engañoso, fingido, traidor; (4) torpe, inadecuado. Nota tú las increíbles acepciones de esta sola palabra de nuestro argot cotidiano. Te pregunto: ¿cuántos no son los jóvenes de hoy que reúnen estas características? Jóvenes que engañan a los padres y amigos; que fingen una cosa y no los son; traidores, torpes, etc. Esto me recuerda el carácter de los hombres de los últimos tiempos a los cuales Pablo hace alusión. “Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita” (2 Timoteo 3. 2-5) Este cuadro es estremecedor en gran manera.

Joven, Dios te exige un alto grado de integridad, cosa que es diametralmente opuesta a la falsedad que se te presentó. Tu misión, tu compromiso es el de presentarte ante Dios íntegro y sin mancha, siguiendo el ejemplo de Daniel el cual se propuso no contaminarse con nada allá en la cautividad (Daniel 1.8) Dios busca personas íntegras. Él busca jóvenes íntegros, sencillos, humildes, aptos para la obra del ministerio. Ya esto lo entendía Josué al pronunciar las palabras siguientes: “Ahora, pues, temed a Jehová y servidle con integridad  y en verdad, y quitad de vosotros los dioses a los cuáles sirvieron vuestros padres al otro lado del río, y en Egipto, y servid a Jehová” (Josué 24:14)

La integridad, el valor antítesis de la falsedad, en una de las más grandes virtudes que tú como joven pueden cultivar. En el tiempo bíblico existieron personajes con un alto grado de integridad. Entre ellos tenemos: Job, Noe, Daniel, Ananías, Misael, Azarias, Jesús, Pablo, etc. En ellos no se hallaba mentira ni falsedad. Sin embargo, en el evangelio moderno, llamado algunas veces post-modernidad o evangelio Light, existe una nube de mentira y de traición. Los valores de antaño se echaron por la borda hace décadas. Ya la mentira es tenida como algo natural y hasta es tomada como un don ejemplar y difícil de erradicar. No obstante, ante la avanzada de oleaje antimoral que se está desatando en todo el mundo, la Biblia te llama la atención acerca de éste punto. Es así como Pablo exhortaba a Tito: “Exhorta así mismo a los jóvenes a que sean prudentes; presentándote tú en todo como ejemplo de buenas obras; en la enseñanza mostrando integridad, seriedad, palabra sana e irreprochable, de modo que el adversario se avergüence, y no tenga nada malo que decir de vosotros” (Tito 2. 6-8) De éste texto deducimos lo siguiente: (a) Tito era un joven pastor de la región del Asia Menor, y la iglesia que pastoreaba estaba frecuentada por muchos jóvenes; (b) se les exhortaba a esos jóvenes a ser prudentes, es decir: a actuar con cautela, a ser sensatos, no necios a la manera de Saúl; (c) a andar en integridad, no mostrando doble personalidad, mal que azota a los jóvenes como tú; (d) a tener buenas obras; (e)  a que actúen seriamente en las cosas del Señor. Lamentablemente, hoy la mayoría de los muchachos pertenecen a un grupo ministerial no por el placer de servirle a Cristo, sino como alternativa para salir a otras regiones del estado o del país; (f) a ser irreprochables, es decir, a ser impecables en su manera de ser.

Fase Nº 4: Una Persona que resistía la Palabra de Dios:

El verbo resistir, según El Pequeño Larousse, es un verbo intransigente, que quiere decir: (1) oponer un cuerpo  una fuerza a la acción de otra que tiende a modificarlo, moverlo, deformarlo, etc; (2) oponerse, no ceder a la voluntad de otro, a un impulso, deseo, etc., (3) aguantar, soportar.

El griego del Nuevo Testamento emplea el vocablo hupomone, palabra que se deriva de dos vocablos que significa: (1) bajo, y (2) permanecer, habitar. La idea fundamental del verbo es la de permanecer bajo presión constante; resistir, mantenerse bajo las más extremas condiciones conocidas. Según hemos visto, Saúl se mantuvo, en un sentido negativo, resistente a la palabra que Dios en reiteradas veces le había hablado. Se oponía abiertamente, se le resistía.

Te he presentado cuatro aspectos arrogantes en la actitud de Saúl, aspectos estos que de una manera bastante peculiar se halla en muchos jóvenes como tú, quienes quieren vivir la vida loca a la manera del cantautor puertorriqueño Ricky Martín con su Vida Loca. Tal vez, en  el caso de Saúl se pone en manifiesto su arrogancia para con Dios y con los que le rodeaban. Saúl es el vivo ejemplo de aquellos jóvenes que se disponen en jugar con el llamamiento que Dios le ha hecho, y se encaprichan en persistir en la arrogancia. Hoy, el proceder de estos, se ve entremezclado con la vanidad, la arrogancia, los desafíos abiertos a la soberanía de Dios, la sexualidad y sensualidad, a resistirse a la Palabra de Dios en todo momento. Esto no debe ser así.

La exhortación hallada en la Palabra de Dios es para el buen andar tuyo. Es  para tú propio provecho y bendición. Si te descuidas, perderás mucho de lo que se te ha dado en el camino del Evangelio.

Los saules de hoy están enredados con sus propios juegos mentales a la manera de pretexto por aquello que han dejado de realizar. Los juegos mentales de estos saules ya no son como los de antaño, ahora están sumergidos en juegos de pornografía, sexualidad, bestialidad y sadismo.  Aunado a ello, la tentación de poder que obró en Saúl, también obra en jóvenes como tú. ¡Ojala fuera anhelo del poder de Dios en sus vidas! ¡Pero no es así!

Creo que es bastante conveniente  citar las sabias e inspiradas palabras de Pablo al joven Timoteo en aquellos tiempos de decadencia moral: “Huye de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los de corazón limpio invocan al Señor” (2 Timoteo 2.22)

Hoy existen jóvenes quienes al igual que Saúl sucumben ante las pruebas y ante las presiones propias de esa edad. Saules modernos los cuales se esconden debajo del bagaje de la apariencia de piedad, pero que cuando nadie les está viendo, se despojan de toda esa apariencia y se dejan ver tal como son. Aflora la falsedad, la mentira, la deslealtad, etc., y andan como en realidad son. Saules modernos que se dejan atrapar por el viento de la inmoralidad sexual, la pornografía y la lascivia. Saules modernos que se dejan atrapar por las trampas de sus propios deseos mal enfocados y mal dirigidos. Saules  que en vez de escuchar la voz de Dios están oyendo voces extrañas que les llevará a un derrotero final.

Ante tal explayada de saules, es dable oír la voz de Pablo cuando le exhorta al joven Timoteo los siguiente: “Avives el fuego del don que está en ti por la imposición de mis manos” (2 Timoteo 1. 6) Es interesante saber que el vocablo avivar es el griego anazopurein, vocablo este que está compuesto por tres palabras: (1) ana, de arriba; (2) zoe, vida; (3) puros, fuego. La exhortación que Pablo le da a Timoteo aplicable a la juventud de hoy día. En efecto, como joven tú has de saber que ese fuego que hay en ti, tiene tres características bien definidas y aplicables a tu vida: (1) ese fuego, en todo caso, es un don que viene de lo alto, es decir; de Dios, por ende no debes apagar esa llama que hay en ti; (2) ese fuego, imparte la verdadera vida que tú necesitas para transitar este mundo lleno de maldad. Es un fuego que te va a irradiar la vida que es de Cristo. En efecto, Él dice: “El que cree en mí, tiene la vida” (Juan 11.26; 3.15-21); (3) ese fuego, ha de quemar todo aquello que vaya en contra de la Voluntad de Dios en tu vida. Efectivamente, la Palabra de Dios se ha de encargar de limpiar tu vida a  medida que el fuego de Dios haga la obra en ti. Jeremías 20. 7-9, tal vez exprese mejor lo que puedes alcanzar cuando tienes ese fuego de Dios avivado en tú corazón juvenil: “Me sedujiste, oh Jehová, y fui seducido; más fuerte fuiste que yo, y me venciste; cada día he sido escarnecido, cada cual se burla de mí. Porque cuantas veces, doy voces; grito: Violencia y destrucción; porque la palabra de Jehová me ha sido para afrenta y escarnio cada día. Y dije: No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre; no obstante, había  en mí corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo y no pude.” Ese fuego, sin duda, era el fuego del Don de Dios que yacía en el profeta. Y, ese fuego está en ti, ¿Qué vas a hacer?

Nota que la palabra clave de este versículo es “me sedujiste”. Según El Pequeño Larousse, seducir significa: (1) persuadir, incitar con promesas o engaño a que se haga algo, particularmente inducir a alguien a relaciones sexuales; (2) atraer, fascinar, ejercer gran influencia. En Jeremías 20. 7, viene del vocablo hebreo patá (htp) que en su primera acepción significa abrir. Sin embargo, en el texto que estamos considerando,  patá conlleva la idea de inducir. En efecto, Dios sedujo o indujo a Jeremías a seguir haciendo la palabra de Dios. Lamentablemente, hoy son muchos los jóvenes como tú, quienes son inducidos o engañados por el mundo y la carne para hacer actos que van en contra de la voluntad de Dios. ¡Ojala fueras tú, uno de aquellos que durante siglos han sido seducidos por la manos poderosa de Dios, y se han dejado moldear por el alfarero que es él! Santiago nos recuerda en su carta, que uno no debe culpar a nadie cuando cae en el pecado, ya que “cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido (Santiago 1.14) Aparte de ello, Pedro nos recuerda que los que son seducidos, sea por la carne, el mundo o el diablo, son aquellos que “…tienen los ojos llenos de adulterio, no se sacian de pecar, seducen a las almas inconstantes, tienen el corazón habituado a la codicia, y son hijos de maldición” (2 Pedro 2.14, 18)

A los saules modernos, no tan sólo se les exhorta a avivar algún don que halla en ellos, también se les recuerda que deben:

a)   Ocuparse de la lectura, la exhortación y la enseñanza.

b)   No descuidar el don que pueda haber en ti;

c)   Tener cuidado de ti mismo, y de la doctrina, es decir; tienes que velar, todo lo opuesto a lo que Saúl hacía mientras era rey de Israel.

d)   Guardar el buen depósito del Espíritu Santo que está en ti.

e)   Esforzarte en la gracia de Dios que es en Cristo Jesús.

f)     Acordarte de Jesucristo.

g)   Procurar con diligencia presentarte ante Dios como un buen obrero de Él.

h)   Limpiarte de toda inmundicia y suciedad del mundo que te rodea.

i)     Desechar las cuestiones necias y vanas.

j)      Predicar la palabra de Dios a tiempo y fuera de tiempo.

k)   Guardarte en santidad.

l)      Entre otras.

Tal vez veas que son puntos difíciles de cumplir a cabalidad, sin embargo, no son imposibles de llevarlos  a cabo. Recuerda que con tigo está Cristo y su Santo Espíritu. Esto me lleva a decirte que en todo momento tú has de tener aquella resistencia que tanto caracterizó a Cristo Jesús (2 Tesalonicenses 3.5) Esa resistencia es importante que se manifieste en tu vida.  En el pasaje de Tesalonicenses que se citó arriba, Pablo emplea la frase “paciencia de Cristo” (gr. Hupomonen tou Cristou) enfatizándose que es Su paciencia o resistencia la que debe ser nuestra investidura diaria. Digo esto, ya que hay tres maneras en la cual hemos de aplicar éste pasaje. Cuando se le examina concienzudamente, el apóstol oraba para que: (1) pudieran, especialmente, esperar la Venida de Cristo; (2) que pudieran tener la paciencia/resistencia que viene de estar en comunión con Él, o (3) que pudieran experimentar esa clase de resistencia que pertenece a Cristo o la que fue mostrada en los sufrimientos que él padeció en la tierra y que está demostrando incluso ahora mientras espera que sus enemigos den un mal paso (Hebreos 12.2; 10.13) (Tomado de: Características de la Madurez Cristiana: Resistencia o Perseverancia y Paciencia. Documento en Línea, 2000)

Saúl, lamentablemente, no demostró esa clase de paciencia o resistencia, sino que se entregó obstinadamente a su propio estilo de vida, sin tomar en cuenta la Voluntad de Dios, estilo de vida esta que le llevó a atentar, al final de sus días, contra su propia vida –de hecho lo hizo, cuando se lanzó en su propia espada para matarse en su última campaña militar-    ¡Ese es e el precio que a la larga pagan aquellos que persisten en llevar una vida a su manera!

 

Los desafíos Juveniles: Más allá de Saúl.

L

o sucedido al rey Saúl, necesariamente no tiene que sucederte a ti. ¡No! Recuerda que su historia o biografía está allí reflejada en las páginas de la Biblia “…para nuestra enseña

Bienvenidos

por emisario
sábado, 07 de noviembre del 2009 a las 15:36
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Hola amigos, reciban la bendición del DioTodopoderoso y un fraternal saludo de mi parte en Deuteronomio 6:24-25.

En este espacio compartiré con cada uno de ustedes algunos temas de interés para la iglesia, puesto que es menester -según las Escrituras- defender la fe que una vez se nos fue dada a nosotros los creyentes en Cristo. Estamos en tiempos verdaderamente peligrosos, en donde algunos maestros de la palabra con ansias en enriquecerse ellos, han introducido horrendas aberraciones doctrinales, las cuales afectarán al Cuerpo de Cristo.

Esperen prontamente otro estudio de los que Dios me ha dado para el enrequecimiento y ayuda de la Iglesia fiel de Cristo acá en la tierra.

Espero sus comentarios acerca de mi primer tema publicado en este espacio: Saúl: Modelo en decadencia.

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